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  • El «cable» de la vida

    El «cable» de la vida

    ¿Por qué pasar vergüenzas en privado si puedo vivirlo en video… en una plataforma pública… con bajo presupuesto para utilería… pero con harta sonrisa?

    Estrenándome con el primer videoblog. Se leyó extraño «estrenándome», pero sí, estrenándome después de todo. Cruzando dedos para que el contenido sea algo que disfruten.

    ¡Bienvenidos al cable de la vida!

  • Kumbayá

    Kumbayá

    ¿Te ha pasado que hay momentos en los cuales te sientes atrapado(a), pero dentro de ti mismo(a)?

    Algo así he estado experimentando desde hace tiempo. Encuentro, hasta ahora, diversas formas o contextos que pudieron haber promovido esto. Uno de ellos, ubico en la cantidad de momentos en mi día a día en los cuales me relaciono con los demás desde vínculos meramente asimétricos.

    Esta asimetría, todos la vivimos en nuestras relaciones. Con este tipo de vínculo, me refiero a la distancia afectiva que puede existir entre nosotros y otras personas. Ejemplo de ello, es el vínculo asimétrico entre los padres e hijos. La asimetría, es lo que permite orientar y enseñar a los hijos. Otro ejemplo pudiera residir en la relación entre una jefa y sus colaboradores. La jefa, al igual que los padres, usa la distancia (asimétrica) para poder observar las pautas de interacción y de comunicación en su plantilla laboral; basada en la información que la perspectiva asimétrica le ofrece, es que puede, o al menos se esperaría, que tomara decisiones un tanto más neutrales y sostenibles para todos los involucrados.

    De lo contrario, si los padres no se movieran desde la asimetría, sino desde una simetría, ellos caerían en el riesgo de transformarse en amigos de sus hijos, o lo que es aún más riesgoso, «hijos de sus hijos» provocando un desplazamiento de roles que es frecuente encontrar en la consulta psicoterapéutica. Desde el caso de una jefa quien se relacionase desde la simetría, podrían entremezclarse los vínculos personales con los laborales, y la toma de decisiones se complejizaría y ni hablar de la solución de conflictos… esto también, frecuente en la consulta privada.

    Por ello, entiendo, de verdad, que la asimetría es necesaria, promueve una fluidez entre ciertos roles, nos esclarece límites y responsabilidades….

    Pero, ¿qué sucede cuando la gran mayoría de mis relaciones, residen en aquellas asimétricas? En la psicoterapia, la asimetría posee hasta fines terapeúticos y por supuesto, perspectiva. En la docencia, me ayuda a orientar a los alumnos hacia su propio pensamiento reflexivo y deconstructivo y demás.

    Esos dos espacios han ocupado la gran mayoría de mis vínculos desde hace años. Es solitario.

    Es también enriquecedor ser testigo de la evolución del ser humano. Tanto en la academia como en la consulta clínica, lo he presenciado. Mas sin embargo, la asimetría como ya lo expresé, reside en vincularse con alguien desde una distancia afectiva. ¿Dónde queda por lo tanto el espacio para la conexión, la intimidad….?

    Las relaciones asimétricas, no son negativas. Creo que, vivir en su mayorías desde vínculos asimétricos sí lo es.

    Es solitario. Constantemente puedo sentir una energía inquieta por todo mi cuerpo… Sé, que es mi naturaleza hablando, específicamente, pudiera hasta «psicologizar» mi experiencia. Mi cerebro reptiliano, el responsable de la supervivencia, me empuja a buscar nuevas tribus, a sentirme acompañado. Por otro lado, mi sistema límbico, el cual entre sus funciones principales residen aquellas que tienen que ver con las emociones, pide desesperadamente, ser regulado desde un vínculo íntimo con alguien más.

    ¿Haz visto llorar a un niño desconsoladamente? Por lo tanto tal vez también hayas sido testigo que al ser acariciado, abrazado o atendido por sus padres, las emociones en aquél niño paulatinamente comenzarán a disiparse. Eso quiere decir que haz presenciado a lo que se le conoce como «la danza de los sistemas límbicos». El fenómeno tan bonito que uno atestigua, consiste en que el sistema límbico del niño se ha sintonizado con el del padre o a la madre, y esta sintonía, ayudará a que ésta área del cerebro, pueda regularse.

    Imagina ahora, lo que una gran exposición a vínculos asimétricos podrían ocasionar a nuestra neurobiología… Nuestro cerebro reptiliano y nuestro sistema límbico, se encontrarían gravamente afectados.

    La soledad no es la única parte que he experimentado desde hace unos años…. moverme en gran porcentaje desde roles asimétricos como psicoterapeuta o docente, de alguna forma me han atrapado. Voy a ser muy preguntón, ¿haz escuchado/visto alguna vez algún locutor que te guste mucho y lo veas en la calle o en otros contextos, y su manera de hablar sea exactamente la misma a la que escuchas en los medios de comunicación? O sacerdotes que todo el tiempo se mueven y hablan de la misma forma todo el tiempo incluso fuera de espacios de culto. Pues también los habemos en psicoterapia jajaja. Admitido.

    De forma personal, lo vivo. LO VIVO (ahora en mayúsculas). LO VIVO (en mayúsuculas y en negritas). No es mi culpa, así como tampoco es culpa del locutor o del sacerdote. Pasa que las neurociencias nuevamente nos podrían esclarecer qué sucede en este fenómeno de «quedarse atrapado» o pegado al rol todo el tiempo. Sin embargo, lo dejaré para otro momento… recuerda, ¡necesito despegarme del rol del psicoterapeuta! Y psicologizarlo nuevamente fomentaría que siga atrapado. No gracias jajaja #TocandoMadera

    Por ello, estoy escribiendo esto. Hace un momento meditaba y la «energía inquieta» llegó vorazmente a mi cuerpo. Entiendo desde mi experiencia, que todas esas sensaciones, no son más que mensajes que mi experiencia interna tiene para mi. Pues, aquél mensaje de hace un momento fue nítido, «escribe lo que sientes… y déjate sorprender».

    Foto para rememorar el momento posterior a la meditación… que ahora que lo pienso, pudo haber sido interrumpido por el intento de «selfie» para inmortalizar la experiencia… ya nunca lo sabré. Bueno…

    Aquí estoy, escribiendo en tiempo real sobre lo que siento… y permitiéndome sorprender. Dejando la bata del consultorio a un lado, rascándole al tatuaje mental que dice «no seas tú» y permitiéndome… quién sabe qué, pero algo me estoy permitiendo jajaja.

    Lo siento, el mensaje corporal sólo decía «escribe lo que sientes y déjate sorprender». Hasta ahí llegó. Desconozco los pasos siguientes, pero confío plenamente en que el mensaje llegó en el momento indicado y que el ejercicio que he hecho («estupendamente», ¿…verdad? jajaja) me encaminará en esta búsqueda por apreciar la soledad y por recuperar una esencia que la exposición prolongada a roles asimétricos ha ocasionado en esta estupenda personalidad humilde, «bien HUMILDE» jajaja (escribo nada nervioso).

    Ahora finalizo este texto con preguntas para ti (y por favor léelas con intención de «amor y paz», hippie de los 70’s, y con harta tranquilidad en tu tono de voz):

    ¿Qué mensajes te está enviando tu cuerpo a través de las sensaciones?

    ¿Qué haces una vez que haz decodificado el mensaje?

    ¿Y si lo haces…. y te dejas soprender?

    #Kumbayá #Kumbayaaaaaá #EnciendeElFlashDeTuCeuluar #LetTheSunshineIn #EInclínateDeLadoALado #HastaQueElCuerpoNosDéElPróximoPaso #Woodstock2025 #PeroConMenosPresupuesto

  • El Rey del gerundio

    El Rey del gerundio

    Este es un pensamiento que escribí en tiempo real (y el cual leí en el podcast debajo), donde documenté un proceso cognitivo en el cuál no podía safarme de la palabra «intento»; y mientras intentaba buscar más allá en mi experiencia, me atrapaba y me regresaba al «intento».

    Podría decirlo con dramatismo, la condenada experiencia me tenía secuestrado. Pero me gustó poder documentarlo. Mi membresía al club de los exigentes ha quedado aún más deteriorada de lo que ya está, a partir de este ejercicio.

    ¡Ah! Y este es el nuevo episodio que ya tampoco es tan nuevo pues lo grabé el mes pasado, pero que aún así está recién salidito del horno de mi boca… se escuchó raro, ¿verdad? Tal vez es porque aún no es tan común la expresión… si se percibió rara es porque hay que darle mayor promoción (intento por justificar la rareza), que se pegue más allá afuera en el intelecto social… es re poética la frase, ¿cómo no? #SalidoDelHornoDeMiBoca

    Llevo semanas con desvelo, mi declive cognitivo comienza en tres, dos, ocho…

    ¡Espero genuinamente lo disfruten!

  • DOS ENTRE UN MILLÓN

    DOS ENTRE UN MILLÓN
  • años bronca

    años bronca

    Hace unas pocas semanas, una querida amiga y colega, me externó un pensamiento a manera de analogía, en el cual recuperaba la humanidad del psicoterapeuta, o como diría un supervisor que tuve durante mis primeros años de formación «*NOMBRE*, quien ejerce la psicoterapia».

    Muy rara vez me encuentro con artículos, libros o siquiera comentarios dentro de mi esfera social, en los cuales se dirijan hacia el terapeuta como lo que es, un ser humano. Alguien quien acompaña a otro humano desde su propia humanidad.

    Se habla poco, acerca de la violencia a la que estamos expuestos en esta profesión. Se normaliza el maltrato hacia nuestra persona, y el esfuerzo que empeñamos en que el espacio psicoterapéutico sea un lugar seguro para el otro, no necesariamente es garantía de que lo sea para nosotros.

    Es una maravillosa labor. Ser testigo del cambio, de la bondad, del deseo por evolucionar. Creo que pocos espacios profesionales ofrecen algo tan bello como lo es el ser deponente del poder del cambio guiado por un amor profundo hacia uno mismo. No obstante, es inherente recuperar la voz de quien ejerce la psicoterapia, reubicarlo desde su propia humanidad, considerarle y ofrecerle la misma oportunidad de también vivirse seguro adentro del consultorio.

    Como lo dice mi querida Eli, nosotros también nos quemamos. Parafraseando esto, desde una invitación a no ignorar que también la persona del terapeuta posee una historia, y que justo el trabajo de ella, es lo que se vuelve una gran brújula para acompañar al otro. En otras palabras ahora turno de mi primer maestra en psicoterapia, la Dra. Ceci González, mencionaba que ella consideraba que más allá de los infinitos programas académicos que uno cursara, lo que realmente promovía que uno fuera un gran psicoterapeuta, residía en que éste trabajara sus propios «años bronca».

    Exalto, es una maravillosa profesión, a mí me ha ofrecido un profundo sentido de vida, y por ello ha requerido un continuo y extenso trabajo hacia mi propia historia, llena de años bronca trabajados, retrabajados, desacomodados, reubicados, desacomodados de nuevo y así siguiendo el curso natural de lo que se compone una historia resignificada/sanada desde su propio ritmo orgánico, repitiendo el ciclo tantas veces sea necesario.

    Esas son algunas de las heridas de las que mi colega refiere en el pensamiento debajo. Heridas que se encuentran presentes en todo ser humano, incluyendo sin olvidar en aquellos que ejercemos la psicoterapia como una profesión.

    Les comparto la reflexión que Eli Villa escribió, aquella que leí sin hacerle justicia durante el episodio anterior del podcast.

  • LA ESPERANZA…ACTIVA

    LA ESPERANZA…ACTIVA

    Hace un tiempo, durante mi especialización en trauma psicológico, me topé con la maravillosa obra del Dr. Peter Levine, un etólogo cuya investigación fue adaptada posteriormente por él mismo, para el trabajo del trauma especialmente desde la psicocorporalidad.

    Su premisa teórica partía de algo tan esencial, nuestra propia biología animal.

    Peter Levine es uno de mis autores favoritos, especialmente, porque a través de él escuché por primera vez acerca de la etología, una ciencia que estudia la conducta animal en sus entornos naturales. Estudiando y aprendiendo de él, rememoré que de niño, yo deseaba convertirme en veterinario. Mi animal favorito de entonces era el ornitorrinco, y sigue ocupando ese lugar, sólo que ahora lo comparte al lado del panda… especialmente el panda. Puedo mirar videos y fotografías de ellos todo el tiempo… qué bueno que no mantengo una cuenta en Tik Tok, estaría olvidado ahí y ya sabemos lo que sucede cuando uno pasa mucho tiempo sentado…

    Gracias a la etología, leí obras tan bonitas como LA EDAD DE LA EMPATÍA y EL MONO QUE LLEVAS DENTRO, ambos libros del etólogo Frans de Waal.

    Y por supuesto, otro gran nombre entre este gremio de investigadores, reside la increíble Jane Goodall.

    Al estudiar y escuchar a estos tres investigadores, me topé con algo inesperado, especialmente al no haber sido algo que se pudiera obviar al leer trabajos sobre etología… los tres hablan frecuentemente sobre la esperanza.

    Me parece absolutamente natural que al ser estas personas, seres tan conectados con la diversidad de vidas en la naturaleza, entiendan empíricamente la profundidad de la conexión innegable que coexiste entre todos los seres vivos, sin importar el grado de conciencia o instinto que prevalezca en cada ser vivo. Estamos entretejidos, conectados y por ello, siempre habrá esperanza si reconocemos y honramos el vínculo que nos une.

    Recomiendo ampliamente regalar un poquito de tu tiempo para escuchar el mensaje de la activista, Jane Goodall. Y así como yo, tú también tienes animales de quienes podrías aprender y mirar todo el tiempo, entonces también entenderás la importancia de hacer comunidad y de cuidarnos entre todos.

    VERSIÓN EN ESPAÑOL

    VERSIÓN EN INGLÉS

    Frans de Wall en ESPAÑOL

    Frans de Wall en INGLÉS

    Peter A. Levine

  • Chicharrón prensado

    Chicharrón prensado

    «¡Por favor no me analices!».

    Hay un fenómeno que percibo como resultado de la sobreexposición a la información psicoeducativa, y es que muchos se vuelven «pseudo-psicoterapeutas». «Psicologizando» y etiquetando la experiencia de los demás basados en lo que han aprendido, mas posiblemente, no han integrado del todo.

    Vale muchísimo la pena reflexionar sobre ello, cada uno por supuesto, desde nosotros mismos.

  • Push-ando

    Push-ando

    Siento unas enormes ganas de escribir… pero no sé sobre qué. Tengo una enorme cantidad de pensamientos en la mente en estos momentos… pero se han vuelto bullicio y ya no les entiendo a los condenados.

    Sé sobre qué me gustaría escribir, pero aún no encuentro el ángulo. Se mueve mucho, es muy constante su danzón. A veces me mueve, otras me agita y en ocasiones se mantiene estático pero aún desde ahí, noto cómo consume una cantidad sustanciosa de mi energía, suficiente para desconectarme del estado del «aquí y el ahora».

    No es ansiedad, mi terapeuta le llama «inercia». Me lo ha explicado basándose en el ejemplo de una rueda que por mucho tiempo fue empujada, y cuando cesó la fuerza que le impulsaba, naturalmente la rueda siguió corriendo por cuenta propia y así lo hará, hasta que la energía se disipe o agote.

    No es la primera vez que me pasa, y seguro no será la última. Veo ahora más que nunca, que muchas de mis decisiones pueden ser ilustradas desde aquél ejemplo de la rueda. Cada proyecto, «sueño» o inquietud, toma la forma de una rueda a la cual comienzo a empujar a partir de su gestación hasta su completud.

    Llevo casi una década empujando una rueda de un proyecto de vida, del cual su inercia sin haber dado cuenta, me jaló hacia adentro borrando las fronteras de que lo era el «sueño» y lo que era yo. Muy distintos cada uno, puesto que sé, que el proyecto no soy yo; quiero decir, que aquello no es mi identidad, sino un camino, y es curioso la forma en que un camino puede volverse la identidad de uno…

    No es algo malo lo que vivo, tampoco es bueno, sólo «es». Así me atrevo a describirlo desde mi experiencia, y soy lo suficientemente curioso como para no etiquetarle y verle como otro camino.

    ¿Es paradógico, no? El proyecto emergió como una rueda a la que necesitaba empujar, hacerlo, me colocó sobre un camino, el andar por mucho tiempo empujando la rueda por el camino terminó generando una inercia suficientemente potente como para haber sido absorbido por ella y por ende, ocasionado que mi entidad (ya no identidad) fuera distorsionada. Ahí no termina el proceso, puesto que continua… ahora que me he dado de cuenta de esta inevitable fusión, la separación me coloca paradógicamente ante una nueva rueda, un nuevo proyecto que ahora nombro «recuperar la entidad»; y para ello, necesito ahora empujar de adentro hacia afuera para así liberarme. Pero de forma unísona, en el proceso también integrar en mi entidad todo aquello de lo vivido al empujar durante casi diez años, la otra rueda. Necesito de esa integración, ahí está la clave para que pueda seguir evolucionando.

    Me rompí la cabeza escribiendo este último párrafo. Creo en realidad que no es tan difícil explicármelo, pero como lo he dicho al inicio, mi mente vive en bullicio y mi cuerpo en un «chaca-chaca» que a veces se asemeja más un ritmo musical y otras al de una onomatopeya de una lavadora en el ciclo de «exprimir», violento, ruidoso, estrujante pero al final de cuentas, liberador al exprimir simbólicamente todo aquél líquido que sólo generaba mayor carga.

    Escribir esto es un intento bromoso por acomodar lo que paso desde hace tiempo. Pero es distinto esta vez, en mi adolescencia y en 20’s lo vivía con angustia y dotado de mucha, mucha incertidumbre. Ahora lo vivo con mucha esperanza, mucha mucha emoción, y por supuesto, indudablemente con incertidumbre… y eso me agrada. Necesito una nueva aventura, salirme de los caminos, dejar de rodar, perderme, adaptarme, explorar más… preguntarme y darle vuelo a la hilacha al pensamiento que tanto me llega en forma de pregunta, «¿qué sigue ahora?».

    Ahora me viene así a la mente aquella pregunta, «¿qué fregados sigue ahora?». Me da risa pensarlo así. ¿Ves? Ahora la pregunta ha evolucionado también, y no es peyorativa su intención, sino que percibo en su nueva presentación bastante jocosidad, nobleza, es juguetona… de esta manera reduce la incertidumbre ante la inminente necesidad de una nueva aventura. ¿Queeeé fregados…. sigue ahora?». Pues no sé, pero tengo hartas ganas de perderme un poquito.

    PD: Sandra Oh, ¿cuándo fregados escribirás un libro? ¡Bravo!

    PD… parte dos… o abreviándole PD (posdata dos): Sabía que la palabra empujar me recordaba a una canción, no importa que su conjugación fuera anglosajona, ya recordé cuál era.

  • DUELE, PORQUE YA ME DUELE

    DUELE, PORQUE YA ME DUELE

    Hagamos un juego…

    Sígueme la corriente, trata de no quedarte en la superficie de la frase o la pregunta, ve más a fondo, y cuando creas que lo has alcanzado, vuelve a dejarte llevar… En realidad, verás que jamás habrá un fondo, la reflexión, podrá continuar y seguir…

    No te preocupes, no se trata de que esto se vuelva interminable, se trata de que te permitas llegar hasta que algo llame tu atención, algo te dé sentido, algo cambie en ti… Disfruta de este juego, y recuerda que podrás regresar a él o retomar donde te quedaste, cada vez que así lo desees.

    DUELE, PORQUE YA ME DUELE.

    DUELE PORQUE, YA ME DUELE.

    DUELE PORQUE YA, ME DUELE…

    ¿POR QUÉ DUELE? ¿POR QUÉ ME DUELE A MÍ PRECISAMENTE?

    ¿QUÉ PASÓ? ¿POR QUÉ YA ME DUELE? ¿POR QUÉ NO ME DOLÍA ANTES? O… ¿CÓMO ES QUE ME DOLÍA ANTES?

    ¿QUÉ PASÓ? ¿QUÉ TUVO QUE VER LA ESPERA CON QUE AHORA YA ME DUELE?

    ¿ESPERÉ DEMASIADO? ¿POR ESO… AHORA ME DUELE?

    «DUELE, PORQUE YA ME DUELE…» ¿QUÉ SIGNIFICA ESO?

    ¿QUÉ HIZO QUE AHORA ME DUELA?

    ¿POR QUÉ ME DUELE? ¿POR QUÉ… DUELE?

    ¿QUÉ ES LO QUE DUELE? ¿DUELE EL DOLOR O DUELE LO QUE DUELE?

    ¿…DUELE LO QUE DUELE? ¿QUÉ SIGNIFICA ESO?

    ¿POR QUÉ ME ESTOY ENOJANDO? ¿ESTO TAMBIÉN ME DUELE?

    ¿ME ENOJA QUE ME DUELA? ¿ME DUELE PORQUE ME ENOJA? ¿DUELE Y ENOJA Y POR ESO ME DUELE?

    DUELE PORQUE YA ME DUELE…

  • Envejecimiento prematuro de la personalidad

    Envejecimiento prematuro de la personalidad

    Tengo unas crayolas y un paquete de hojas que compré hace un año.

    En mi departamento tengo muy pocos muebles. Los cuadros o decoración en él son casi nulos. Creo que es debido a varias razones; en los últimos 15 años me he mudado a siete casas diferentes; he trabajado en cuatro ciudades en tres estados que abarcan desde el bajío hasta el occidente de mi país. También residen entre estas razones motivos personales, por supuesto. Y creo que todo ello ha hecho que hasta el momento me sea difícil vislumbrar un espacio en el que viva desde la sensación/pensamiento: «aquí, aquí ya puedo estar», pues sigue vigente dentro de mi esa anticipación de «no te acomodes mucho, va a venir otra mudanza, otro cambio«.

    En momentos se asemeja a un estilo de vida nómada, a pesar de realmente no sentirme del todo cómodo con ello. Pero, sigo descubriendo algunos puntos a favor de estas situaciones que no me daba cuenta antes, y que claramente me han ayudado.

    A lo largo de cada mudanza (y vaya que son cansadas), fui aprendiendo a tener cada vez menos cosas materiales, puesto que no sabría cómo sería el espacio siguiente en el que viviría; así que sin darme cuenta, comencé a quedarme sólo con cosas que pudieran caber dentro de mi propio cuarto. Para la penúltima mudanza, fue mucho más sencilla de vivir dado que en efecto, ahora todas mis cosas cabían dentro de mi cuarto, salvo algunos sillones que compartía junto con roomies.

    En dos casas llegué a usar como cortinas unas telas oscuras que compré durante la universidad para un proyecto audiovisual. Y hasta hace unos meses, debido a los gastos del doctorado sentí muchas ganas de hacer mis propias cortinas, así que improvisé unas con unas sábanas delgadas y unos cinchos que utilicé como «argollas» para para que éstas pudieran recorrerse horizontalmente.

    El año pasado, posterior al fallecimiento de mi muy querida tía Flora, mi mamá junto con sus hermanas comenzaron a regalar sus pertenencias, ofreciéndome a mi las persianas que ella tenía en su casa. Sinceramente, era muy doloroso para mi la posibilidad de tener un objeto bastante visible en mi casa que me recordara que ella ya no estaba aquí (al menos no en este plano); así que acepté los demás obsequios, su cortauñas, una sandwichera y un juego de cubiertos.

    Ha sido muy curioso, mi tía Juanis, quien falleció cuando yo tenía cinco años, me regaló un cortauñas, el cual aún tengo. Por ello, cuando me regalaron esta vez el de mi tía Flora, lo recibí como un obsequio muy especial y simbólico. Ahora uso el cortauñas de Flora y siempre me trae un muy grato recuerdo y ni se diga del gran cariño que se manifiesta cuando lo sujeto con mis manos.

    Las cortinas, en realidad no sólo las hice debido a motivos financieros, sino que en realidad me apetecía enormemente poder hacerlas yo, jugar a hacer algo, divertirme en el camino, pensar en todas las posibilidades en las que podría hacer unas cortinas con unas sábanas, unos cinchos y con lo que me encontrara en mi casa.

    El año pasado, compré unas filas de luces como las que se usan durante la navidad, y con unos ganchos que usaba para corbatas y cintos, las atoré en el ventanal que da de frente al espacio que improvisé como mi consultorio virtual, y las colgué ahí. En realidad, parecía más un tendedero…

    Pero…

    Pues, ya que tiene toda la pinta de un tendedero ¿por qué no aprovechar su uso? Compré unas crayolas y un paquete con hojas de papel, y comencé a dibujar, colorear y escribir frases que me eran significativas y que necesitaba tener muy presentes. Así, el proceso de las constantes mudanzas me llevaron a la «decoración minimalista-forzada», lo cual me dirigió a reconocer la importancia de sentir cualquier espacio en el que viva, un poquito más cercano, lo que posteriormente desembocó en mi ahora «tendedero lumino-afectivo» patrocinado por foquitos navideños para todas las estaciones #DeVentaEnGüalmart, crayolas marca crayola (#UsoCrayolasCrayola) y hojas papel #Bond #Papel-Bond

    Algunas de las frases que tengo ahí son:

    «Respira y suelta hombros» (la cual me viene muy bien, pues me favorece para que después el fisioterapeuta encuentre menos contracturado mi cuerpo… y así duela menos el «masaje).

    «Tú éntrale, así como eres… y déjate sorprender».

    También hay un poema que escribí hace unos meses acerca de un dolor que me ha acompañado desde hace tiempo y que sinceramente, puedo revelar con mucha paz dado que estamos en mejores términos cada vez más y también ha traído consigo cosas muy bonitas. Tal vez después lo suba aquí, en mi espacio… aún seguimos en nuestro proceso de evolución, por ello me lleva meses escribir y reescribir un poema o pensamiento. Siempre algo cambia, algo se acomoda o desacomoda, algo mueve, integra, ofrece sentido y más. Me doy tiempo para hacerlo, pues bondadosamente, la experiencia así me lo comunica.

    Pero en lo que seguimos cruzando caminos y entendiéndonos tanto aquél dolor como yo, por lo pronto quisiera compartir sólo este primer renglón de ese pensamiento: «no quiero ser sabio, pues el dolor te hace sabio…». Explicitando que los demás párrafos posteriores a esta oración, están dotados de mucha realidad, al menos desde la mía… que el dolor es dolor cuando ni él ni yo nos entendemos. El dolor no es mas que el fallo de nuestra comunicación… eso es lo que he aprendido que es el dolor hasta ahora, desde mi persona.

    Por favor no lean esto como palabras finales, ni como una manera de pensar que tengo la verdad absoluta. Esto es lo que he descubierto hasta ahora, en mi y sólo en mi. Qué maravilloso será, que cada uno le entremos a esa comunicación enredosa (al principio), para formar nuestro propio lenguaje y significado sobre lo que es el el dolor para cada uno; y no tengo la menor duda de que el resultado no será universal, sino absolutamente individual, y si desean compartirlo como yo, háganlo, y sepan que si lo desean confiar en mi de forma personal, seré el más afortunado por recibir su confianza y bondad.

    Durante este proceso de intercomunicación con el dolor, recuerdo haberle dicho algo y no hace mucho realmente (la semana pasada)… no nos lográbamos entender y mi primer pensamiento fue:

    Pensarlo en voz alta, logró que me desatorara… era eso, nos encontrábamos atorados, sentí frustración, un poquito de coraje, desesperación, angustia… le entré al atorón para desatorarme. Las malas palabras no faltaron, para qué mentir. Rara vez las digo, pero cuando vienen, hasta me saben ricas, saben a pulparindo con azúcar glass.

    Ahí está, no es madurez, tengo envejecimiento prematuro de la personalidad.

    Los síntomas incluyen atorones psicoemocionales, relación ambivalente con el dolor, atracones con comida dulce y gusgueras… y ocasionalmente, un deleite sabrosón al decir malas palabras mientras se está solo.

    Tratamiento: hacer cortinas con sábanas y cinchos; colorear con crayolas marca crayola sobre papel, bond, Papel Bond (no sobre las paredes… o ¿qué tal si…?); caminar; entrarle al atorón.

    Beneficios: mucha paz, bondad y sentido de vida.

    ¿Qué hace que el dolor sea dolor? ¿Qué mensajes trae el dolor? ¿Y si el dolor sólo es en realidad un mensajero? ¿Cuál es el lenguaje del idioma (aunque parezcan sinónimos, en realidad no lo son)? ¿Será el de la experiencia interna de cada uno de nosotros? ¿Ya habrá sábanas de navidad en güalmart? y si sí, ¿me sobraron cinchos?…

    PD: actualicé mis luces con unas pequeñas que tienen la temática otoño-halloween, además de que he comenzado con un poco de decoración del día de muertos. La imagen de portada en esta publicación es reciente, la compartía hace unos días con una amiga. No faltará mucho para que en este año regresen a mi tendedero aquellas luces navideñas que aparentemente no son sólo para navidad.