Llegó noviembre y consigo me trajo mi octavo aniversario desde que comencé a ejercer la psicoterapia. Aún recuerdo el nerviosismo que pasaba por mí cuando me acercaba al consultorio a encontrarme con mi primer consultante; y de forma unísona, comenzaba un bonito sueño que había ideado más de una década detrás a mi formación.
Pocos hablan de ello, pero… la psicoterapia, especialmente trabajar como psicoterapeuta, es en lo absoluto fácil. Requiere una destrucción, construcción y deconstrucción interminable de ti mismo, tu instrumento de trabajo.
Al menos desde mi experiencia, ha conllevado desnormalizar contextos que a pesar de ser absolutamente nocivos, también ofrecían un soporte. Ha requerido, un trabajo extenso y doloroso también de mi propia historia de vida.
Tus relaciones sociales cambian, evolucionan. La perspectiva hacia tu familia, cambia. Tu cosmovisión sobre la realidad, siempre, siempre, está cambiando, aunque claro, invariablemente hacia un lugar enriquecido y dotado por un desarrollo que trasciende la naturaleza humana, se convierte en un camino espiritual.
La formación, puede ser dolorosa, así como también reconfortante. Pudiera describir que la preparación, requiere un dinamismo continuo y natural.
Y como escribí antes, tu cosmovisión de ver la vida, las relaciones, cambia. Se vuelven más nítida. Ser psicoterapeuta no es sencillo, mas es proporcionalmente enriquecedor.
Usualmente escucho con frecuencia, que la “madurez” que lo demás perciben sobre mí, es atribuida a mi formación, a la dimensión teórica. Y esto no podría estar más alejado de la realidad. Hoy, puedo reconocer que esa presencia y esencia que tanto podemos percibir en algunos psicoterapeutas, parte principalmente de su propio trabajo personal, no del teórico.
Derivado de este profundo trabajo personal, y gracias al entrecruce que tiene por supuesto con mi profesión, he aprendido entre muchas cosas, lo que a continuación deseo explorar y llevarlo a una dimensión personal-social, en la que posiblemente, muchas personas más distintas a mí, también se lleguen a identificarse.
Mi especialidad en la psicoterapia, reside en el acompañamiento al trauma psicológico. Resultado de ello, he aprendido a no sobre ocupar mi agenda, ya que uno de los muchos rasgos del trauma, corresponde a que las crisis, desregulaciones emocionales y hasta ideación suicida podrán manifestarse en algún momento.
De llenar mi agenda, estaría interfiriendo con que pudiera atender y acompañar durante esos momentos de crisis, los cuales es inherente mencionar, NADIE ELIGE CUANDO LLEGARÁ UNA CRISIS.
Las personas que soy tan afortunado de acompañar, necesitan saber que su red de apoyo, en la cual me incluyo, estaremos cuando lo imprevisible emerja… LA CRISIS. Y que ellos no estarán solos, que realmente, serán sostenidos por una RED hecha por todos aquellos que nos preocupamos y nos interesamos por su bienestar.
Imaginen que le dijera estas palabras a un consultante, sabiendo que tengo siempre agenda llena: “aquí estoy si me necesitas”. Si cuento con una agenda llena, ¿es realista decirle esto? Si tengo una agenda llena y le expreso verbalmente ello, mas cada vez que necesita de mi le respondo “en este momento no puedo”, ¿qué mensaje le estaré enviando? La respuesta, un mensaje ambivalente el cual podría definir con este ejemplo: “sí, pero no…”, “no, pero sí…”.
¿A poco no volvería loca a cualquier persona que reciba estos mensajes tan opuestos uno del otro? La ambivalencia, puede generar culpa a quien recibe estas palabras. La ambivalencia, lastima más que una respuesta responsable y sincera.
Pues… algo similar puede llegar a ocurrir en nuestro día a día. Todos llegamos a vivir CRISIS en algún momento. Casi todas las crisis, serán imprevisibles. Imagínalas como un volcán, sabemos que éste puede erupcionar en cualquier momento, pero pueden pasar días, meses, décadas y jamás hará erupción hasta que un día… lo hace.
Los terremotos también pueden ejemplificar lo que es una crisis; sabemos que estamos atravesando situaciones que podrán derivar en un “choque de placas”, pero tal vez pase ahora o tal vez jamás nos toque vivirlo.
Las crisis, existen, mas no quiere decir que estén siempre activas. En muchos momentos, podrán estar simplemente INACTIVAS.
En la esfera social, específicamente en nuestras relaciones con familiares y amigos, solemos estar muy poco preparados para atender nuestras propias crisis, y mucho menos, acompañar al dolor ajeno que acontece la crisis de un ser querido.
Imaginemos por un momento, que nuestra red de apoyo, comienzan a casarse, tener familia; sus negocios comienzan a despegar y por ende, sus agendas similar a la del psicoterapeuta, comienzan a presentar menos espacios libres.
Antes que todo, ¡qué bonito es saber que alguien a quienes quieres, experimentan desarrollos tan increíbles como en los ejemplos que acabo de describir! El meollo de está reflexión no reside en criticar ello, sino en reconocerlo… y reconocer su trascendencia a las demás dimensiones que nos integran.
Naturalmente, una persona realizada, tendrá menos tiempo, menos espacios libres. Dicen que toda decisión conlleva por supuesto una ganancia, y también una pérdida. Ganamos algo a través de estos maravillosos logros, pero solemos dejar poco espacio para identificar cuáles han necesitado ser las pérdidas, y este último punto, no es fácil de responder si lo intentamos hacer desde aquello intangible… la calidad, la presencia, el interés, la curiosidad, la responsabilidad y demás.
Por ello, de la misma manera en que nosotros experimentaremos crisis, nuestros seres queridos lo harán. Si nos dirigimos a lecturas que narran la historia del sistema familiar, o leemos memorias de personalidades de gran éxito en el ámbito de los negocios, seremos testigos de capítulos en los que se haya documentado que también hubo una afectación en sus relaciones interpersonales. NO SE PUEDE TENERLO TODO.
Sin un equilibrio sano, nuestro crecimiento en otros ámbitos puede deteriorar otros y viceversa. Hay personas que presentan una codependencia en las cuales sus méritos personales, profesionales y demás, se ven mermados. QUEDARNOS EN LOS EXTREMOS, NO SUELE SER LO MÁS SANO.
Pensemos por un momento que nosotros o alguien cercano comienza a vivir simbólicamente una erupción de un volcán y un terremoto, todo al mismo tiempo en su vida. HAY UNA CRISIS. Y así como en la psicoterapia, intentamos sostenernos en nuestra red de apoyo y recibimos este mensaje: “aquí estoy para ti”, “aquí estoy si me necesitas”. Mas cuando tú tomas la palabra, de manera consiguiente recibes la respuesta: “hoy no alcanzo”, “hoy no puedo, pero…”, “estoy lleno…”.
Decir “aquí estoy”, conlleva una responsabilidad que necesita considerar espacio para lo imprevisible. En muchas tantas veces, decirlo, puede ser un intento inconsciente por “preservar todo”… “TENERLO TODO”. Esto, no suena del todo justo, ni responsable.
Decir, “aquí estoy”, requiere una profundo sentido de realidad. “¿Realmente puedo acompañar en este momento?, “¿Realistamente, cuento con el espacio que la persona y la situación necesitan y merecen?” “¿Qué significa realmente para mí la frase “aquí estoy para ti”? “¿Qué ganancia obtengo cuando digo en voz alta aquella oración? ¿Es para un beneficio mutuo o es estrictamente para uno personal?.
Sepas, ESTÁ BIEN no disponer del tiempo, ESTÁ BIEN si no siempre puedes acompañar durante las crisis. ESTÁ BIEN, si no quieres y no puedes. En realidad ESTÁ BIEN #CaritaReFeliz #AbrazoSabrosón
Lo que dejaría por ser sano, conllevaría ignorar la responsabilidad que conlleva decir estas palabras. Recuerda, esto sería un mensaje ambivalente, lo cual llevaría a lastimar más a alguien durante un profundo sufrimiento como el que se vive durante una crisis.
Si tu observaras tu agenda, ¿de qué te darías cuenta? Si pusieras atención a tu rutina, ¿cuáles placas tectónicas y cuántos volcanes identificarías en tu momento actual? Una vez que respondiste la última pregunta dirígete a esta: ¿qué tan realista y sostenible está siendo intentar tenerlo todo?¿Qué merezco yo, y qué requiere esto de mí, de mis demás dimensiones?
No podemos tenerlo todo, ni tampoco podemos estar en todo. Está bien. Y es aún más sano reconocerlo y ser responsable primero, hacia con nosotros (no quieras ser el club de los autoexigentes ni de los que buscan controlar su entorno como resultado de una clara resistencia al cambio), y por consiguiente, hacia aquellas personas que amamos.
#AbrazoBienApapachoso
